Tu: Qué sorpresa, TOP. Nunca habría sospechado que tuvieras una vena tan altruista.
TOP: No voy por ahí proclamándolo a los cuatro vientos —se echó a reír—, pero lo cierto es que yo crecí en un barrio como éste. Siempre que me mudo a otro, me gusta volver a mis raíces. Tu turno.
_____ estaba conmovida. No sólo tenía el físico del hombre de sus sueños, sino que además... poseía un gran corazón.
TOP: Vamos, contesta ya. ¿Procedes de un ambiente privilegiado? ¿Es por eso por lo que sientes la necesidad de visitar zonas como ésta sin ninguna… protección?
Tu: No creo que necesite protección alguna —río ella—. ¿Quién estaría interesado en molestarme?
TOP: No subestimes tu valor, _____.
Se estremeció, consciente de que acababa de tocar un punto débil. Ése era su mayor temor: que su valor como persona descansara solamente en su dinero y en su apellido familiar.
Tu: Quiero decir que no podría llamar la atención de nadie, vestida con estos vaqueros y esta camiseta. Sin maquillaje ni joyas de ningún tipo —se encogió de hombros, esperando haber disimulado cualquier tipo de inseguridad que pudiera haber revelado.
TOP: Para empezar, esa cámara podría venderse a buen precio en el mercado negro. Luego está ese cutis que antes te he mencionado —con un dedo le acarició suavemente una mejilla, haciéndola estremecerse.
Tu: Puedo cuidar de mí misma.
TOP: Sé que tal vez lo creas, pero…
Tu: No lo creo, lo sé —le sujetó el dedo. De repente el deseo de sentir la caricia de aquellas manos en sus senos le resultó abrumadora. De alguna forma, sin embargo, consiguió encontrar la fuerza de voluntad necesaria para añadir—: Aprecio tu preocupación, pero la verdad es que tengo que irme. Quiero sacar algunas fotos antes de volver al trabajo.
TOP: Todavía me debes algunas respuestas, ____—le recordó TOP, apartándose.Se echó a reír, agradecida de haber salido con bien de aquel pasó.
Tu: Descuida —riendo, se dio media vuelta y salió de la cancha.
No había hablado en broma. TOP era la clave que necesitaba para descubrir su propia sensualidad, y ella tenía intención de intimar con él. Muy pronto.
TOP sacudió la cabeza mientras la veía alejarse, contoneando graciosamente las caderas. Su nombre le sentaba perfectamente. Y era por esa misma razón por la que no pintaba nada en aquel barrio. Diablos, a él no le apetecía nada frecuentar aquella réplica del problemático barrio en el que se había criado. Durante su infancia y adolescencia, siempre falto de dinero, las canchas de baloncesto habían sido su vía de escape. Cuantos más botes había dado al balón más posibilidades había tenido de olvidarse de que, al anochecer, tenía que volver a un apartamento vacío: sin padre, con una madre que trabajaba demasiado y con los vecinos discutiendo a gritos al otro lado de los tabiques de papel.
Había entablado amistad con los chicos que había conocido esa mañana, mientras esperaba allí a que apareciera ____. Se había fijado especialmente en uno, León: si se concentraba lo suficiente en el juego y no en las calles, aquel crío muy bien podría salir de aquel lodazal. Pensó que ésa era una manera muy adecuada de ocupar su tiempo mientras duraba su misión, para no hablar de que ayudando a esos chicos se distraía de ___. Por cierto, que la chica todavía no le había dado una razón convincente que justificara su recurrente presencia en aquel barrio. La admiraba por sus buenas intenciones. La respetaba por sus esfuerzos. Pero detestaría ver sus buenas obras recompensadas con problemas y disgustos.
« ¿Y qué te importa a ti eso?», se preguntó de repente, dejando escapar un gruñido. Era eso precisamente lo que no quería: enredarse en su vida. Su trabajo consistía en investigar para su cliente. En lugar de ello estaba pensando demasiado en ___; palabras como admiración y respeto asaltaban su mente cada vez que lo hacía. Pero no tenía sentido negar la verdad. Lejos del distanciamiento que se había prometido mantener, estaba empezando a preocuparse por ella. Y eso podía poner en riesgo su corazón, algo que no le gustaba en absoluto.
Lo mejor era concentrarse en su trabajo, había conseguido respuestas para todas las preguntas de Emma, y en un tiempo récord. Conocía la ocupación profesional de ___ y cómo empleaba su tiempo libre. Su abuela podía estar contenta: era una mujer adulta, inteligente, que podía cuidar perfectamente de sí misma. «Distanciamiento», se recordó una vez más mientras volvía a la pista. León le lanzó el balón, tomándolo por sorpresa, y TOP se puso a jugar. La palabra «distanciamiento» resonaba en su mente cada vez que efectuaba un disparo a cesta.
Pero de repente un agudo chillido femenino cortó el aire, elevándose por encima de las voces de la cancha. TOP sintió un doloroso nudo en el estómago. Soltando el balón, corrió hacia el lugar del que procedía la voz de ___. La vio derribada en el suelo sujetando la correa de su cámara, que llevaba colgada del cuello, y de la que estaba tirando un chico alto, con una camiseta roja y raída, sin mangas. Tiraba de ella con tanta fuerza que había conseguido levantarla del suelo, mientras ____, pequeña pero tenaz, no se resignaba a soltar su preciosa posesión.
TOP: No voy por ahí proclamándolo a los cuatro vientos —se echó a reír—, pero lo cierto es que yo crecí en un barrio como éste. Siempre que me mudo a otro, me gusta volver a mis raíces. Tu turno.
_____ estaba conmovida. No sólo tenía el físico del hombre de sus sueños, sino que además... poseía un gran corazón.
TOP: Vamos, contesta ya. ¿Procedes de un ambiente privilegiado? ¿Es por eso por lo que sientes la necesidad de visitar zonas como ésta sin ninguna… protección?
Tu: No creo que necesite protección alguna —río ella—. ¿Quién estaría interesado en molestarme?
TOP: No subestimes tu valor, _____.
Se estremeció, consciente de que acababa de tocar un punto débil. Ése era su mayor temor: que su valor como persona descansara solamente en su dinero y en su apellido familiar.
Tu: Quiero decir que no podría llamar la atención de nadie, vestida con estos vaqueros y esta camiseta. Sin maquillaje ni joyas de ningún tipo —se encogió de hombros, esperando haber disimulado cualquier tipo de inseguridad que pudiera haber revelado.
TOP: Para empezar, esa cámara podría venderse a buen precio en el mercado negro. Luego está ese cutis que antes te he mencionado —con un dedo le acarició suavemente una mejilla, haciéndola estremecerse.
Tu: Puedo cuidar de mí misma.
TOP: Sé que tal vez lo creas, pero…
Tu: No lo creo, lo sé —le sujetó el dedo. De repente el deseo de sentir la caricia de aquellas manos en sus senos le resultó abrumadora. De alguna forma, sin embargo, consiguió encontrar la fuerza de voluntad necesaria para añadir—: Aprecio tu preocupación, pero la verdad es que tengo que irme. Quiero sacar algunas fotos antes de volver al trabajo.
TOP: Todavía me debes algunas respuestas, ____—le recordó TOP, apartándose.Se echó a reír, agradecida de haber salido con bien de aquel pasó.
Tu: Descuida —riendo, se dio media vuelta y salió de la cancha.
No había hablado en broma. TOP era la clave que necesitaba para descubrir su propia sensualidad, y ella tenía intención de intimar con él. Muy pronto.
TOP sacudió la cabeza mientras la veía alejarse, contoneando graciosamente las caderas. Su nombre le sentaba perfectamente. Y era por esa misma razón por la que no pintaba nada en aquel barrio. Diablos, a él no le apetecía nada frecuentar aquella réplica del problemático barrio en el que se había criado. Durante su infancia y adolescencia, siempre falto de dinero, las canchas de baloncesto habían sido su vía de escape. Cuantos más botes había dado al balón más posibilidades había tenido de olvidarse de que, al anochecer, tenía que volver a un apartamento vacío: sin padre, con una madre que trabajaba demasiado y con los vecinos discutiendo a gritos al otro lado de los tabiques de papel.
Había entablado amistad con los chicos que había conocido esa mañana, mientras esperaba allí a que apareciera ____. Se había fijado especialmente en uno, León: si se concentraba lo suficiente en el juego y no en las calles, aquel crío muy bien podría salir de aquel lodazal. Pensó que ésa era una manera muy adecuada de ocupar su tiempo mientras duraba su misión, para no hablar de que ayudando a esos chicos se distraía de ___. Por cierto, que la chica todavía no le había dado una razón convincente que justificara su recurrente presencia en aquel barrio. La admiraba por sus buenas intenciones. La respetaba por sus esfuerzos. Pero detestaría ver sus buenas obras recompensadas con problemas y disgustos.
« ¿Y qué te importa a ti eso?», se preguntó de repente, dejando escapar un gruñido. Era eso precisamente lo que no quería: enredarse en su vida. Su trabajo consistía en investigar para su cliente. En lugar de ello estaba pensando demasiado en ___; palabras como admiración y respeto asaltaban su mente cada vez que lo hacía. Pero no tenía sentido negar la verdad. Lejos del distanciamiento que se había prometido mantener, estaba empezando a preocuparse por ella. Y eso podía poner en riesgo su corazón, algo que no le gustaba en absoluto.
Lo mejor era concentrarse en su trabajo, había conseguido respuestas para todas las preguntas de Emma, y en un tiempo récord. Conocía la ocupación profesional de ___ y cómo empleaba su tiempo libre. Su abuela podía estar contenta: era una mujer adulta, inteligente, que podía cuidar perfectamente de sí misma. «Distanciamiento», se recordó una vez más mientras volvía a la pista. León le lanzó el balón, tomándolo por sorpresa, y TOP se puso a jugar. La palabra «distanciamiento» resonaba en su mente cada vez que efectuaba un disparo a cesta.
Pero de repente un agudo chillido femenino cortó el aire, elevándose por encima de las voces de la cancha. TOP sintió un doloroso nudo en el estómago. Soltando el balón, corrió hacia el lugar del que procedía la voz de ___. La vio derribada en el suelo sujetando la correa de su cámara, que llevaba colgada del cuello, y de la que estaba tirando un chico alto, con una camiseta roja y raída, sin mangas. Tiraba de ella con tanta fuerza que había conseguido levantarla del suelo, mientras ____, pequeña pero tenaz, no se resignaba a soltar su preciosa posesión.

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