TOP: ¡Hey!
Al oír el grito de TOP, el chico soltó la correa, haciendo que ____ cayera nuevamente al suelo, de espaldas. Entre perseguir al atacante o atender a la víctima, TOP prefirió lo último. Se arrodilló a su lado.
TOP: ¿Estás bien? —le retiró delicadamente las largas guedejas rubias que le caían sobre el rostro. Ignorar aquel delicioso contacto de seda no ...le resultó fácil.
tu: Lo estaré siempre y cuando no me sueltes un «ya te lo había dicho yo» —forzó una sonrisa.
TOP: No tengo que hacerlo. Ya lo has hecho tú —le tendió la mano para ayudarla a levantarse.____ aceptó su ayuda, pero esbozó una mueca. Sujetándola de la muñeca, TOP le volvió el dorso de la mano para descubrir unas magulladuras en su palma.
TOP: ¿Cómo está la otra?
____le enseñó la mano derecha, que tenía unas heridas similares.
tu: Nada que no pueda curarse con un poco de antiséptico.
TOP: Sí —pero por dentro no se sentía tan tranquilo como aparentaba. Una incómoda sensación se alojó en su estómago a la vista de aquellas magulladuras, y era auténtico terror lo que sentía al imaginar lo que hubiera podido ocurrirle.
Vio que se pasaba una mano por los ojos, como si estuviera a punto de llorar. Así que no era tan valiente como había querido hacerle creer. Bien. En ese caso no tenía que preocuparse de que volviera a aquel barrio cuando él no estuviera presente. Eso aliviaba un tanto la dolorosa tensión que seguía sintiendo.
TOP: No ibas a entregarle la cámara, ¿verdad?
tu: ¡Pues claro que no! Esa cámara cuesta una fortuna. No puedo permitirme comprar otra y, además, ese chico no tenía ningún derecho a tomar lo que no le pertenecía.
TOP se echó a reír ante aquella inocente proclamación del derecho a la propiedad.
TOP: ¿Y cómo pensabas impedírselo?
Tu: Si me hubiera agarrado la cámara, no habría podido dar dos pasos sin que yo le hubiera puesto la zancadilla. Pero tú me evitaste tener que hacerlo. Y, además, yo no solté la cámara, ¿no?
TOP: Podía haberte partido el cuello.
Tu: Pero no lo hizo, ¿ves? —se apartó la melena rubia de un hombro, mostrándole su delicado cuello de cisne.
Pero TOP no se dejó engañar, y le retiró la correa de la cámara para examinarle el cuello con atención.
TOP: No parece tener mucho mejor aspecto que tus manos, ____. ¿Has pensado alguna vez en hacer un curso de defensa personal?
Tu: Todavía no he tenido la oportunidad, pero encontraré tiempo… pronto.
Evidentemente le había mentido a su abuela. TOP no pudo menos que preguntarse en qué otras cosas le habría mentido, y qué más podía estar haciendo en aquel barrio.
Tu: Gracias por tu ayuda, TOP —hundiendo los hombros, gran parte de su bravucona actitud desapareció con el temblor que sacudió por un instante su menuda figura. Para su sorpresa, dio media vuelta y se marchó.
TOP: Hey.
Tu: Así es como se habla a los caballos —pronunció ella sin volverse.
La alcanzó en dos zancadas. Aunque admiraba su carácter independiente, estaba demasiado preocupado como para dejarla sola. Diablos, quería estar con ella después de lo que acababa de suceder. Con las manos en los bolsillos, se puso a caminar a su paso. Podía percibir la necesidad que sentía de moverse, de dejar de pensar en el asalto que había sufrido. Probablemente todavía estaba bajo sus efectos, lo cual no era extraño. Pero aquel aturdimiento no tardaría en desaparecer, y TOP quería estar allí cuando recibiera plenamente el impacto de lo sucedido.
TOP: ¿Adonde vas? —le preguntó.
Tu: Al metro.
TOP sacudió la cabeza. No podía dejarla sola. Las otras veces que la había seguido, había tenido que meterse en un atestado vagón de metro y mantenerse a una prudente distancia. Ese día, para guardar las apariencias, había tomado su coche para ir al barrio.
TOP: El metro no es seguro.
___ se detuvo en seco y se volvió para mirarlo con expresión decidida.
Tu: Siempre lo ha sido, al menos desde que tengo por costumbre venir aquí.
TOP: También era seguro el barrio hasta hoy. Permíteme que te lleve yo. Tengo el coche en la esquina.
La gratitud relumbró por un instante en sus ojos, pero negó con la cabeza.
Tu: No, gracias. Puedo volver a casa sola.
TOP: Claro que puedes —incapaz de contenerse, extendió una mano para tocarle delicadamente una mejilla. ___ no sólo no se apartó, sino que ladeó la cabeza para dejarse acariciar.Era tan suave… Su piel, su voz… pero no lo que albergaba dentro. Emma conocía bien a su nieta. ____ era dura. Y por mucho que se sintiera tentada de ceder, no se permitiría la debilidad de apoyarse en él.
TOP: No hay nada malo en aceptar un poco de ayuda de vez en cuando.
Tu: Ya lo sé.
TOP: Entonces acepta la mía ahora —esbozó la más seductora de sus sonrisas—, y te prometo que no me quejaré si me dejas plantado más tarde.TOP esperaba que lo hiciera. Porque no estaba seguro de contar con la fuerza de voluntad necesaria para alejarse de ella.

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