domingo, 19 de mayo de 2013
CAPITULO 2
En su profesión, Choi estaba acostumbrado a observar a mucha gente en la realidad y en fotografías. Estaba acostumbrado a formarse opiniones sobre las personas por pura intuición. Raramente se equivocaba en sus impresiones y nunca se dejaba engañar por una cara bonita. Y siempre había sido capaz de mantenerse distante. Hasta ahora.
Aquella mujer era lo suficientemente bella como para abrumar sus sentidos y excitar su libido (deseo sexual). Sus ojos reflejaban una riqueza de sentimientos y de ocultos secretos que ansiaba desvelar. Aquella misión, que había estado a punto de rechazar, de repente se había convertido en otra que no podía resistir, que se imponía por sí misma.
Emma: Hace unos años _____ se trasladó a Nueva York —le informó Emma—. Ella siempre ha vivido de la cuenta que sus padres le abrieron nada más nacer. Siempre sin un trabajo permanente, sin una pareja estable —subrayó esas últimas palabras antes de mirar apreciativamente a Michael de arriba a abajo.
TOP: Pero… ¿qué le sucede ahora a _____ para que usted haya decidido contactar conmigo así, de repente?
Emma: Ha dejado de retirar dinero de su cuenta y ha decidido ganarse sola la vida.
TOP: A mí me parece que ésa es una decisión admirable —comentó TOP.
Emma: Bueno, claro que lo es. Fue así como la eduqué yo, al fin y al cabo: para que fuera una persona autónoma e independiente. Y lo logró, de sobra. Abandonó Hampshire para escapar al agobiante control de su padre, Edgar, que es mi hijo. Le llamamos «el juez», ya que ése es su oficio —se echó a reír, irónica—. Ese hombre no tiene ni idea de lo que significa una familia; en la suya, imparte justicia como si estuviera en un tribunal. Aunque tengo que admitir que, con el matrimonio de su otro hijo Logan y el bebé que acaba de tener, está aprendiendo un poco… Pero ______, de cualquier manera, no se ha quedado a contemplar sus progresos.
TOP: Entonces… ¿usted quiere que _____ vuelva a casa? —le preguntó Seung Hyun.
Emma: No si ella vive segura y feliz en Nueva York. Ya lo ve; eso es todo lo que me importa. Pero no me llega ninguna información de ella porque no me dice absolutamente nada —la anciana se pasó un dedo por los labios imitando el cierre de una cremallera—. Lo único que me dice es que está bien y que no tengo que preocuparme —de repente resopló de furia—. ¿Cómo puedo no preocuparme cuando va por ahí con una cámara colgada del cuello, prestando más atención a sus fotografías que a cualquier otra cosa?
TOP: Es una persona adulta —se sintió obligado a recordarle.
Emma: Las mujeres como ella son asaltadas todos los días en Nueva York. Ella jura y perjura que ha hecho un curso de autodefensa, como si eso bastara para tranquilizarme. Yo sé que me oculta cosas. Piensa que así yo, que soy ya muy vieja, estoy más tranquila. Pero se equivoca. No se da cuenta de que tenerme en la ignorancia es algo fatal para mi débil corazón.
Choi asintió, comprensivo. Su propio padre había muerto de un ataque cardíaco cuando él sólo tenía ocho años. Lo recordaba como un hombre bueno, con un corazón de oro. El problema era que ese corazón había sido tan débil que había muerto conduciendo a casa de regreso de su trabajo como director de un departamento comercial, no dejándole a su familia nada más que un poco de dinero en el banco y ningún seguro. Su madre se había visto entonces obligada a trabajar en lo único en que tenía experiencia: en actividades domésticas, sólo que en esa ocasión trabajando en las casas de los demás.
Emma: No se equivoque —añadió la anciana, devolviéndolo a la realidad—. Yo me alegro de que ____ esté por fin preparada para enfrentarse sola con el mundo. Eso le dará la oportunidad de divertirse y recuperar todo el tiempo que le hizo perder su padre, pero, al mismo tiempo, esa clase de libertad total y explosiva me asusta. A pesar de que está a punto de cumplir los treinta, ____ ha vivido protegida durante demasiado tiempo. Y yo la conozco. Ahora que ha decidido mantenerse firme, su orgullo no le permitirá llamarme a mí o a su hermano si llega a meterse en problemas. Necesito saber que se encuentra realmente bien.
Choi la miró conmovido. Era sencillamente imposible que le negara a aquella anciana la tranquilidad de espíritu de la que tan necesitada estaba. Su evidente amor por su nieta era lo que iba a sellar aquel acuerdo.
Emma: Me he tomado algunas pequeñas libertades —señaló ella, sonriendo— bajo la suposición de que iba a aceptar usted el caso…
TOP: ¿De qué libertades se trata, señora… —inquirió, y de inmediato se corrigió—Emma?
Emma: _____vive en Murray Hill, en un apartamento de una sola habitación de la Tercera Avenida. Después de una larga conversación con la propietaria, he conseguido reservar para usted el apartamento que está justo enfrente. Al parecer el hermano de la casera vive allí y durante el mes que viene estará fuera en viaje de negocios —su sonrisa se amplió—. Así que su buen amigo James Callahan se ha ofrecido, muy amablemente, a trasladarse a su apartamento para cuidárselo durante su ausencia —se inclinó para recoger de la mesa un juego de llaves, que hizo tintinear delante de sus ojos.
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